EL MUNDO DE UN CABALLERO
un diálogo con Miguel Grau
por Jolí
Esta entrevista la realicé en el Presbítero Maestro, sentado en una losa de la Cripta de los Héroes, ése era un lugar que reservaba para mis travesuras hasta que una voz de timbre femenino me pidió que no las hiciera más; dudé al principio pero luego de un rato me convencí: la voz venía desde el nicho de Miguel Grau. Me acerqué con respeto, Grau estaba parado sobre su lápida, altivo, le pregunté si necesitaba algo, me dijo que tenía sed, puse con cuidado un platito en su mano y un vaso de pisco que celebró con gusto. “¿Es cierto que la Inca Kola ya no es peruana?”, me preguntó, le contesté dándole algunos detalles acerca de la venta de sus acciones, “Qué triste fin para el último inca”, comentó. No podía dejar pasar esa oportunidad y empecé a conversar con el héroe. He aquí un extracto de dicho diálogo.
Don Miguel, ¿Por qué si Ud. era el hombre más capaz de la Marina Peruana no le dieron a comandar la Independencia? Vea Ud. caballero, en primer lugar, porque yo tenía amplia experiencia pilotando el Huáscar: lo tuve a mi mando desde 1867 hasta 1876. En segundo lugar, porque en 1879 yo era diputado por Paita, por eso, cuando se avino la guerra y la patria demandó de mis caballerosos servicios, yo andaba alejado de la armada. Y, en tercer lugar, yo no era el más competente ni el más experimentado de la Marina Peruana de ese momento. Yo siempre manifesté que la escuadra peruana y la ‘Independencia’ debieron estar bajo las ordenes del Contralmirante Lizardo Montero.
¿Y por qué no se la dieron? No sé cómo explicárselo, en mis tiempos llamábamos ‘gancho’ al conocido con ciertas influencias que uno utilizaba cuando necesitaba un empleo o un favor ¿Me comprende? Demasiado bien Almirante, No me diga Almirante que sólo soy un simple Contralmirante que sirvió a su patria, ¿Y quién tuvo el honor de ser su primer ‘gancho’? ¡Qué ha dicho Usted! —se sobresaltó el héroe— Yo nunca tuve uno, yo me gané cada galón desde abajo, cuando ingresé a la plana mayor mi hoja de vida en el mar ya tenía varios pliegos. Discúlpeme Capitán, es que en los días que corren, para quién no tiene ‘vara’ conseguir trabajo es más difícil que matar hormigas con un cañón —Grau se sonrió antes de replicar—: No me diga Capitán que soy Contralmirante. Su manera de cavilar es comprensible... ¡Qué desgracia que sobre el Huáscar muchas balas pasaron hiriendo a tantos valientes, habiendo tantos mentecatos que…! —pensó en voz baja mirándome, mas no terminó la frase, luego prosiguió—: …Y pensar que ni siquiera se dignaron a darle la ‘Independencia’ al Vicealmirante Manuel Villavisencio que era, con mucho, mejor que More, Villavisencio tuvo que conformarse con la Corbeta Unión. ¡Y menos mal para el Perú que la aceptó!
O sea que por un ‘gancho’ no fue Lizardo Montero la cabeza de la armada peruana Es triste, pero es la verdad. Sepa Ud. que aquellos días no eran como aquestos; entonces, cuando uno tomaba una posición lo hacía con el corazón y las armas, la palabra de las personas tenía valor y los que caían derrotados nunca olvidaban a quienes los habían subyugado. Así, yo me fajé por el retorno del Perú a la democracia luchando contra la insurrección de los hermanos Gutiérrez que, en 1872 dieron muerte al presidente Balta; a raíz de eso llegó Manuel Pardo a palacio ese mismo año, él fue el gestor de la Alianza con Bolivia. Antes de eso, Montero había apoyado la revolución de José Balta que, desde el Norte, derrocó en 1867 al dictador que había prometido tecnología, trabajo y honradez: Prado. Y, ¿quién fue el mandatario peruano desde 1876 hasta 1879? …Pues, Marianito Prado, Exacto, y este señor no quería, bajo ningún concepto, darle oportunidad de lucimiento o ascenso a los oficiales que se habían revelado contra él.
O sea que Ud. fue hombre de confianza de Pardo… Sí, lo fui, y a mucha honra, pero eso no recayó ni en títulos, ni en dinero, ni en grados, a lo más me envolvió de cierta invulnerabilidad política.
¿Qué, Pardo no lo envió a ninguna comisión representativa, a Europa quizá…? Verá que sí, pero más bien fue al contrario. Quizá Ud. sepa que en 1866 Perú tenía la flota más poderosa del Pacífico Sur, ese año las naves españolas que habían destrozado Valparaíso no pudieron tomar el Callao; desgraciadamente, muchos de los cañoneros y combatientes del Real Felipe de ese entonces fueron chilenos que decían haber venido para ayudarnos contra España, ellos, después de la victoria se quedaron en Perú, espías, eso es lo que fueron. El poderío marítimo peruano se acabó en 1871, que es cuando Chile inicia su carrera armamentista; al ver esto, Balta decide hacer lo mismo en 1872, pero, como lo asesinaron, no pudo concretar su deseo. Cuando Pardo recibe la banda presidencial intentó concretar la adquisición de armamento bélico, pero el Congreso ya no aprobaba la compra de maquinaria de guerra: el Perú, país amante de la paz, no quería endeudarse. Chile, a pesar de que su economía estaba peor que la nuestra, empeñó hasta la camisa de Margarita. Esto, que Ud. ya debe saber, se lo recuerdo para decirle que la comisión de viaje que me fue encomendada por Pardo fue, justamente, a Chile, para hacer cuenta de su fuerza marítima. Y fui hasta Valparaíso a encontrarme con suspicacias y dobles intenciones, allí hilvané cabos, hablé con quienes debía, y le reporté a Pardo en 1873 lo que ya era un secreto a gritos: Que Chile quería arrebatarle su litoral a Bolivia.
¿Y esa fue su única comisión…? Cosas raras que tiene la vida, en 1877, en pleno régimen de Prado, se me encomendó ir nuevamente a Chile para ver sus acorazados. Hice de ellos un informe detallado, pero nadie en el Congreso les dio importancia.
Eso siempre pasa en el Congreso… Su merced no se equivoca, siempre llegan a éste quienes no deben. Infortunadamente, los que deben, nunca han hecho los suficientes esfuerzos por llegar: o se contentan con la mera crítica o se mueren. ¿Se mueren Don Miguel? ¡Acaso cree Ud. qué no? Se mueren, y sin la menor consideración, ahí tiene a José Gálvez, adalid de la libertad, ideólogo y poseedor de una hoja de ruta para el Perú, voló en pedazos el 2 de Mayo de 1866. También murieron sin consideración los jóvenes pensantes que pudieron haber cambiado la historia del país, la Guerra con Chile los sacrificó. Se tardan siglos en tener una élite pensante nacionalista, y el Congreso hizo que se perdiera.
Cambiando de tema ¿es cierto lo que dicen en los colegios acerca de que Ud. murió diciendo ¡Au!? —Miguel Grau, mirándome con rostro adusto, respondió irritado—: Si no fuera por mi honorable condición y porque usted es un lechugino, cogería mi sable y lo expulsaría de este panteón por pedacitos. Sin embargo, las reglas de las cortesía me obligan a escuchar a mi interlocutor, así que si tiene otra pregunta, hágala, si no, retírese y vaya vuesamerced con Dios.
Me azoré un poco, no pensé que Grau se pudiera molestar así, pedí las disculpas del caso y en tono respetuoso pregunté: ¿Contralmirante, le place que lo recuerden como el ‘Caballero de los Mares’? La verdad, no me desagrada, aunque hubiera preferido otro epíteto más acorde con la fiereza y pericia que caracterizaron a este hidalgo marino, me hubiera gustado más ‘El lobo de los Mares’, o ‘El tiburón de los Mares’, quizá hasta ‘El Tigre de los Mares’; lo que no hubiera podido sobrellevar es que me recordaran como ‘El sireno de los Mares’. Como que ser ‘El Caballero de los Mares’ imprime a mi persona cierta delicadeza que, en la Guerra, no es precisamente la mejor de las cualidades.
Entiendo su punto de vista, sin embargo, se le recuerda así porque cuando Ud. iba al combate parecía que no iba a pelear sino a hacer una demostración de cortesía y buenas maneras. Estimado caballero —me dijo en tono suave y acariciándose la barba—, en la guerra no hay buenos ni malos, todos son malos. Muchos mueren sin saber por qué, defendiendo intereses espurios, y los intereses chilenos eran espurios. Cualquier cobarde se vuelve valiente matando a los vencidos, aunque a veces éstos no supieran para qué luchan. Por eso, cuando yo regresaba de altamar, me confesaba dos veces: una por los inocentes que habían muerto y otra por los culpables a los que no pude privar del hálito vital.
¿No cree Ud. que su caballerosidad guarde relación con la supuesta hidalguía española de la que nuestra aristocracia se creía heredera? Ese tema bien puede discutirlo con González Prada, él reposa a unos trece mausoleos de aquí, si acaso logra distraerlo de la anarquista muerte, puede que le conteste. Este servidor no cree, sin embargo, que la causa de mi nobleza pase por allí, creo más bien que mi grandeza es puesta en relieve por contraste con la vileza chilena, y es que Chile no nació para grandezas.
A ver, a ver, explíqueme eso… Muy bien mi estimado, ¿Ha escuchado Ud. hablar de un chileno eximio? …Me parece que sí, creo… Neruda, Bueno, bueno, Neruda puede deleitar a cualquier jovenzuelo que tenga pasiones débiles por decir lo menos, el que es débil en el amor lo es en sus convicciones, y Neruda siempre fue débil, es evidente que para los débiles resulta divertido e interesante, pero eso señor mío dista mucho de la grandeza …Ellos también recuerdan a un tal Pratt… Aquél, menos, si dicho señor es un héroe es porque yo lo permití, o cree Ud. que a un oficial notable lo iban a mandar a comandar una nave de tercera y vieja. Ningún chileno era suficiente hombre para saberse parar sobre el Huáscar, en él murieron Pratt en Iquique (y sépase Ud. que si ese combate no hubiera sido favorable a Chile, al que mató a los hombres de la ‘Independencia’ lo hubieran fusilado por desertar en pleno combate) y el torpe de Thomson en Arica. …¿Y no cree Ud., que Linch…? Por favor, ¿Quién puede enorgullecerse de matar a un indio que no sabe que está en guerra, de espaldas? ¿Un profesor de historia chileno, un nazi, un Pinochet acaso? Los chilenos no se han enterado de que la Guerra del Pacífico la ganó Inglaterra, cómo estarán de engañados que hasta tienen que prohibir sus propios libros de Historia.
…Pero Don Miguel, ¿Dónde queda la cultura chilena?… ¿Cuál?, Se creerán que el cóndor es suyo y que ellos son los únicos dueños de los Andes, y llenarán sus peluquerías y burdeles de condoritos; dirán que el pisco también es suyo, y que la papa nació en Chile, y se lo creerán. Negarán que Gabriela Mistral es desabrida y que Isabel Allende es una calabaza; preste oídos a su música, los Inti Illimani parecen peruanos, los Quilapayun, bolivianos; su protesta sin dictadura es vomitiva: el tono amanerado de Alberto Plaza y ‘Los Prisioneros’ que sin un militar frente a ellos no saben qué componer. Pobres vecinillos del Sur, el socialismo no los volvió latinoamericanos y el capitalismo no los volverá norteamericanos. Los chilenos nacieron sin esencia, no tienen chispa, son traicioneros, innobles, sosos, reitero, sin grandeza. Hasta sus mujeres tienen los senos escasos, si busca mujeres o buenos escritores hacia el Sur, vaya a Buenos Aires, jamás a Santiago.
Después de oírlo le pregunté sonriente: ¿Contralmirante, es verdad que de su nave se cayó cierta vez un periodista? —Él me miró callado y pensativo, demoró un poco antes de responder—: No lo recuerdo bien, algunas veces pienso que fue un sueño pues contemplo la figura de un hombre flaco que finge no oírme cuando le prohibo salir a cubierta y luego desaparece, cada cierto tiempo escucho la voz de un tal Cucalón que me pide que lo recoja mientras el Huáscar está huyendo a toda velocidad, es probable, a veces la muerte borra los recuerdos negativos, creo que esa es la finalidad del purgatorio.
Su mirada se había tornado melancólica, por eso intervine: Capitán, ya no recuerde eso, más bien, dígame ¿qué concepto tiene del Perú? Joven, no olvide que soy Contralmirante —me aclaró el marino. Luego, enmudeciendo un momento, concluyó que—: El Perú tiene pocos peruanos, pero los que tiene, justifican la existencia de 28 millones de estultos, ahí quedamos Vallejo, Robles, Cáceres, Chabuca, entre otros, para la galería de peruanos que reivindican al Perú.
¿Y, qué problemas le encuentra al Perú? Muchos, pero sólo le mencionaré uno: No creemos en nosotros, le negamos la confianza a nuestros compatriotos, esperamos que la solución de nuestros problemas venga desde fuera. Percibo cierto rencor en sus palabras, Contralmirante, Es posible, pero no es sólo eso. Ud. conoce al Perú, todo allí está de cabeza, siendo conscientes de esto, no sorprende que le hayamos declarado alguna vez la Guerra a Estados Unidos o a Alemania. Saco esto a colación porque después del 2 de Mayo de 1866, el Perú, envanecido, decidió enviar sus naves a las Filipinas para abatir a España. Decidido esto ¿Quién cree Ud. que iba a comandar a la escuadra peruana? No sé, Montero, supongo, Pues se equivoca de proa a popa señor, contrataron a un estadounidense de nombre Tucker para que la dirija, cómo si nosotros estuviéramos pintados ¿Y Ud. qué hizo? No sólo yo, toda la oficialidad se presentó ante Tucker y con respeto le expresamos que no lo reconocíamos como nuestro superior ¿Tucker, entonces, se fue? Qué se iba ése a ir si la paga era muy buena. Él se quedó, pero nosotros mantuvimos nuestra postura; todos queríamos contender, pero ninguno estaba dispuesto a morir bajo las órdenes de un ‘green go’ desconocido. ¿Y qué pasó al final? Pasó que Perú no fue a las Filipinas, que Tucker perdió dinero, y que nosotros fuimos considerados desertores, pasando por ello muchos días en el calabozo, por poco y nos dan la pena capital. Sin embargo, es obvio que los absolvieron… Sí, y al hacerse el caso del dominio público gozamos de cierta popularidad que nos hizo enemigos, sin nosotros saberlo, de ciertos sectores políticos que querían perjudicar nuestros nombres, aunque ello significara perjudicar a la patria.
Don Miguel, Ud. es tenido en más valor en Bolivia que en Perú, allá se le considera Almirante, acá Ud. es un simple Contralmirante ¿Qué opinión le merece este hecho? No me sorprende, los bolivianos me rindieron honores no sólo muerto, también me los dieron en vida. El pueblo de Chuquisaca me homenajeó de forma grandiosa, igual lo iba a hacer Cochabamba, pero Angamos no lo permitió. Mi almirantazgo en Bolivia se dispuso en 1966, y fui proclamado, por Ley, ‘Héroe Nacional Boliviano’ en 1989. A Bolivia sólo le falta mar, que todo lo demás ya lo tiene, aparte de naves, claro está.
Contralmirante, ¿Ud. siempre supo que iba a morir, verdad? Sí, y sabía también que todo el Perú me prefería muerto a volver al Callao sin el Huáscar. Prado también lo sabía, y todo su entorno, ellos me echaban 2 meses de vida como máximo, yo conseguí vivir más de 5, consideraban mi suerte echada y que cualquier gasto en favor del Huáscar era improductivo, por eso mi nave usaba carbón de mala calidad y su provisión de municiones era de segunda categoría, mi flota andaba con uniformes viejos y, cuando peleó en Angamos, llevaba 4 meses sin recibir sueldo, la falla del Huáscar en Angamos se debió a que no había recibido el mantenimiento adecuado. Cuando un hombre tiene que morir, muere, y yo tenía que morir. Hay días en que pienso que cumplir con mi deber fue como suicidarme y me siento culpable, otros días creo que la única que justifica la vida de los hombres es la muerte, y me siento héroe…
El marino se ensimismó, yo no quería deprimirlo, y le hice la última pregunta: ¿Qué consejo daría a los jóvenes peruanos? Pues, el más lógico: Les diría que no compren productos chilenos y que no viajen por Lan. Que tomen más pisco y que consuman de eso que me invitaste hace rato.
Este artículo fue auspiciado por la funeraria
"Tus ojitos se cerraron".
Donde por la compra de 4 cajones,
llévese gratis el quinto.
Nota: Si va con este aviso reclamé GRATIS
por cada cajón talla extra large un cajón
para niños color blanco.